1. Planteo del tema
  2. Socializar y sociabilizar
  3. Virtudes sociales
  4. ¿Cómo sociabilizan con el grupo de pares? Datos de la investigación
  5. Educación y escuela diferenciada – sociabilidad
  6. Propuesta de acción

1.Planteo del tema

Las relaciones entre la socialización y la educación y,  más específicamente, entre la sociabilización con el otro sexo y la escuela diferenciada son una preocupación frecuente de los padres y profesores. ¿Cómo harán los chicos y las chicas para conocer al otro sexo si no lo tratan en la escuela, si no comparten con él o ella sus razonamientos, sus juegos, sus experiencias de la vida? ¿Socializarán bien?

Creo que esta cuestión no debería ser una preocupación; voy a decir por qué e intentaré fundamentarlo brevemente en la exposición.

Una adecuada formación en valores, en grupos de niños y niñas por separado durante unas horas del día, en escuelas diferenciadas, es mucho más efectiva y brinda un ámbito más propicio para alcanzar los objetivos que la escuela se propone, tanto académicos como socio afectivos. En este sentido, propongo un nuevo concepto de educación para la sociabilización: la profunda educación en valores/virtudes sociales, de cada niño o niña, que va más allá de la presencia o no, del otro sexo en el aula.

Además, parto de la base que estamos generalmente juntos los hombres y las mujeres. En la familia, en el club, en las academias deportivas o sociales, en los comercios, en fin, compartimos todo. La vida es mixta. Es entonces cuando los educadores nos planteamos la posibilidad de separar a los niños en la edad escolar, para conseguir una formación integral mejor y más efectiva; para potenciar sus habilidades; para proponerles situaciones acertadas, a chicos y a chicas de manera diferente, en las que se ejerciten en las virtudes.

Para desmitificar el prejuicio existente y así ilustrar la hipótesis de que, por estar juntos ambos sexos en la escuela, no sociabilizan indefectiblemente, se comentarán algunos datos –provenientes de la investigación científica-acerca de cómo se relacionan los niños y las niñas.

Considero que, actualmente, en esta sociedad individualista, es más interesante aún profundizar en la formación de habilidades sociales, en virtudes que los ayuden en su relación con los demás –en general- y con el otro sexo, en particular.

2.Socializar y sociabilizar

Los educadores ayudamos a desarrollar en los niños una de las funciones sociales de la educación: la adaptación a las exigencias del grupo social y de la vida en sociedad, mediante la cual se incorporan como nuevos miembros a la misma, porque la función primordial de la sociedad es la acogida, la educación de las nuevas generaciones. Todo ello no excluye el despliegue de la personalidad individual y de las propias convicciones, que cualquier sociedad debe respetar, más bien las incluye.

Quisiera hacer unas precisiones terminológicas. Etimológicamente, en español como en otras lenguas latinas, socializar es “promover las condiciones sociales que favorezcan en los seres humanos el desarrollo integral de su persona”. Pero, mientras socializar se usa en el ámbito de las ciencias sociales,  sociabilizar se usa en el de las relaciones entre las personas. Ambas palabras proceden de la misma palabra: sociedad. Ésta tiene su origen en el latín (societas, -atis). Tomada como raíz la voz en español (socializar), ambas presentan sufijos que modifican su intención o sentido.

En socializar, el sufijo — izar añade a la raíz el sentido de “Hacer que sea; hacer que se vuelva, transformar en; volverse…”. Es decir, el sufijo está añadiendo el sentido de algo hacerlo social o de la sociedad. Por su parte, la voz sociabilizar tiene dos sufijos. El primero, —ble, anexa a la raíz el sentido de “que merece, digno de ser, capaz de (…) fácil de, conveniente para…”. De ahí que alguien sociable (adjetivo ya existente desde el latín: sociabilis) sea el individuo capaz de integrarse fácilmente a la sociedad. Por eso, se define sociabilizar como: “Hacer sociable”. Los educadores, psicólogos, sociólogos y pedagogos, entonces, deberíamos tener más presente, el concepto de sociabilizar y no socializar, en las habilidades para relacionarse con los demás y tener amigos. Distinguir ambos verbos facilitará entender el contexto al que nos refiramos.

3.Virtudes sociales

Se considera que la virtud es un hábito bueno que hace al hombre capaz de cumplir el bien de un modo fácil y gratificante. Las facultades humanas (inteligencia y voluntad) han de ser habilitadas, capacitadas, perfeccionadas mediante los hábitos operativos perfectivos: las virtudes. Lo interesante, es hacernos virtuosos (los profesores) y ayudar a nuestros alumnos a ser virtuosos, que es la causa de la educación. Ya Aristóteles, en las distintas éticas y en la Retórica, habla detallada y pormenorizadamente de cada una de las virtudes, y siempre, tratando de encarnarlas. La persona –y la educación personalizada ayuda a reforzar este concepto- es especialmente comunicativa por su esencia; entregará y recibirá valores. Está ordenada al tú y a la sociedad. Aunque hoy prevalezca el yo, claramente esto es una distorsión o desorden de la capacidad relacional humana.

Se mencionó anteriormente que vivir es estar integrado en una sociedad. Esta integración tiene sus características, las cuales se deben tener en cuenta para convivir armónicamente; aspectos como ciertos códigos de convivencia y costumbres, horarios, vestimenta, forman parte del saber ser y del saber estar, necesarios en la vida en sociedad. Los niños deben aprenderlas y formarse en los hábitos necesarios y esto se realiza a través de la educación.

La educación en “virtudes sociales” debe estar explicitada en el Proyecto Educativo Institucional (PEI), lo mismo que el modo de ejercitarlas. Algunas de ellas podrían ser: el cultivo de la amabilidad, el respeto, la urbanidad, la alegría, la confianza, el diálogo, la amistad, la sinceridad, la solidaridad, etc. Como son cualidades humanas en relación con los demás, serán virtudes derivadas de la justicia y de la caridad.

Sabemos que el proceso de socialización es complejo y se extiende toda la vida ya que implica la integración del individuo en todos los aspectos de la vida social. “Viene estimulado por la acción de las diversas instituciones y por la propia dinámica de todas las relaciones sociales; en el teatro de la vida social el individuo, en parte como espectador y en parte como actor, va aprendiendo los papeles que ha de desempeñar. La cultura es el guión, texto y argumento de la gran obra representada”[1]. Y la cultura actual, en la paradójica era de las comunicaciones y las redes sociales, no acentúa estas “virtudes sociales”, quizá hasta las ignora; por eso hemos de poner esfuerzo en cultivarlas. Y esto no se consigue únicamente aprovechando en el aula las TICS e incorporando el uso de twitter a la tarea del aula.

¿Cómo ayudar a los niños y a las niñas a crecer en “virtudes sociales” en el aula? Por ejemplo, al estudiar los diferentes estilos cognitivos, se reconocen los alumnos con más habilidad intrapersonal; ésta, es la capacidad de ver con realismo y veracidad cómo es y qué quiere, cada uno, y de entender cuáles son sus prioridades, anhelos y metas, para actuar en consecuencia. Esta habilidad incluye y se relaciona con la autoestima. Es así como la percepción precisa de sí mismo, le ayudará a organizar acertadamente su proyecto de vida y a intentar llevarlo a cabo.

Otra habilidad para desarrollar en el aula, es la llamada, interpersonal, considerada como la capacidad de entender a los otros, interactuar con ellos y entablar empatía. Poder discernir, comprender qué le sucede a otra persona en determinado contexto y actuar de manera apropiada en relación con los estados de ánimo, las conductas y los deseos de esa persona, resulta de suma utilidad para la comunicación efectiva en la vida diaria y se puede ejercitar en el aula.

Los niños que desarrollan esta habilidad, en general, son populares, tienen muchos amigos, mantienen una buena relación con sus compañeros y con la gente que los rodea. Les resulta sencillo captar las necesidades ajenas y reaccionar en consecuencia. Simon Baron Cohen[2] explica que el cerebro de la mujer es –en promedio- más empático que el del hombre; y el del hombre –en promedio- más sistematizador que el de la mujer y que sentir empatía por los demás quiere decir entender las relaciones, ser buen comunicador y preocuparse si un amigo se ha ofendido por algo que hemos dicho o si está siendo tratado injustamente, y no encontrar la manera de anticipar las necesidades de otra persona y responder rápidamente a sus sentimientos. La gente empática es más democrática; consulta a los demás y es más diplomática en sus conversaciones. El equilibrio entre ambos, como siempre, es lo ideal. Esta es la oportunidad que nos brindan las aulas diferenciadas por sexos.

La educación de la sociabilidad entonces, debería ser un objetivo prioritario en el proyecto de virtudes de la escuela diferenciada. Algunos recordarán la película El náufrago. El protagonista aún estando solo en una isla, podríamos decir que no le quedó más remedio que “sociabilizar” consigo mismo intentando adaptar el lugar de la isla a sus costumbres y luego comenzó a relacionarse con una pelota que encontró en el mar a la que dibujó las facciones de una persona y apodó “Wilson”. A partir de ese momento, tendría alguien con quien compartir sus desventuras. Wilson, como concepto, es la representación del deseo de interacción, de la necesidad de comunicación del hombre, de relacionarse con los demás. Pero esto no se da sin más, también se aprende, se educa.

4.¿Cómo sociabilizan con el grupo de pares? Datos de la investigación

Como se expresó anteriormente, se comentarán algunos datos acerca de cómo se relacionan los niños y las niñas para ilustrar la hipótesis de que, por estar juntos ambos sexos en la escuela, no socializan indefectiblemente, como a veces se piensa.

Son muchos los autores que desde la década del 70 estudiaron el fenómeno de la socialización en escuelas mixtas con rigor científico[3]. Lo sorprendente es que todos coinciden en mostrar cómo los chicos y las chicas desde preescolar prefieren –dentro y fuera del aula- el trato y la compañía con los de su propio sexo, con quienes coinciden en gustos, aficiones, modos de ver, estilos de vivir.

La escuela diferenciada es una alternativa que ha pasado exitosamente los filtros más rigurosos de la investigación que se conocen hasta el momento. Los científicos coinciden en recomendar un entorno donde no le va a generar conflicto el otro sexo, en una edad en la que ya se suman los propios conflictos personales.

“Los grupos de iguales tienden a crear sus propias normas y su propia cultura: se trata de una cultura en la que los grupos de edad similar y del mismo sexo se inclinan a compartir pensamientos, conductas, tipos de juego, modo de hablar, juegos, lenguaje, normas, valores, prejuicios y aspecto externo; y todo ello, dentro de esa estructura informal presente en modo superlativo en la escuela. De este modo, el grupo de iguales –del mismo sexo- es una referencia fundamental en el aprendizaje de la socialización en la escuela (Coleman, 1968; Páez et al., 2004). Descritos estos hechos, cabe repensar la organización escolar para que ésta favorezca la posibilidad de disminuir esas presiones grupales que en nada benefician los objetivos educativos. La escuela debe dar a los alumnos la posibilidad de ser ellos mismos, ofreciendo una estructura organizativa que facilite a cada uno desarrollar su personalidad independientemente de los estereotipos y normas grupales. De modo muy acertado, Fleck y Prats (en: Martínez y Bujons, 2001) reivindican que la escuela debe mantenerse como un espacio de libertad que, en determinados aspectos, pueda ejercer de contrapeso a esas tendencias sociales”[4].

La revista científica de la Asociación de Sociología Americana de los Estados Unidos[5],  desarrolla una interesante explicación sobre las relaciones entre chicos y chicas. Esta investigación describe algunos comportamientos de ambos sexos que nos pueden ayudar a inferir que, si son educados en aulas separadas, pueden completar mejor su formación personal y adquirir habilidades comunicacionales y de socialización que les ayudarán a tratar y a conocer al otro sexo de manera cabal.

  1. En la investigación citada, se afirma que, si bien las amistades entre niños y niñas  eran comunes en los años  pre-escolares, las actitudes y los juegos fueron tornándose más diferenciados por sexo en las escuelas primarias, donde había pocas actitudes e interacciones entre  ellos y ellas en las aulas, contrariamente a lo que –en general- se piensa.
  2. Algunas veces, los chicos de cuarto y quinto grado comienzan a renegociar la definición social de las interacciones entre sexos, a causa de los cambios que se operaban en la pubertad y la emulación de la conducta de chicos mayores. La preadolescencia  es el estado durante el cual las interacciones entre chicos y chicas son más notables. Durante los últimos años en las escuelas primarias, generalmente se hace socialmente más aceptable por los grupos de chicos y de chicas frecuentar las interacciones entre sexos, que consisten en que los chicos charlaban con las chicas bajo la protección de su enclave en el grupo social. Los chicos suelen provocar a las chicas o les hacen preguntas tontas o delicadas e inoportunas.

 

  1. En sexto grado, los chicos empiezan a desplegar un más fuerte interés en las chicas, (…) pero, por razones de seguridad, frecuentemente los chicos usan algún intermediario para acercarse a alguna chica, y así confirmar si el interés es recíproco. Raramente encaran personalmente la relación, sino que intentan con un amigo, después de la clase, hacer llamadas telefónicas a las chicas en las que cada uno está interesado, o bien pasan notas o mensajes por medio de amigos a las chicas en cuestión. Cuando los amigos han confirmado que el interés es mutuo, el chico le propondrá salir con él. Así comienza una cadena de “presiones” del grupo para aumentar el status en la subcultura masculina.

 

Ahora bien, los ejemplos detallados anteriormente y otros más que cada uno podría relatar, ¿son sociabilizar? ¿Responden realmente al ejercicio de virtudes sociales?

 

Por lo visto, las chicas y los chicos se concentran más en llamar la atención, en su aspecto exterior, en tener aceptación y éxito con el otro sexo y muy poco queda para el objetivo escolar del aprendizaje académico y de las auténticas habilidades de comunicación. La energía se dispersa; las relaciones son pasajeras. Se generan otras presiones innecesarias en esta etapa de consolidación de la identidad personal. Además, la concentración en el aprendizaje de otras destrezas y habilidades intelectuales pareciera amenazada por estos conflictos.

 

Se ha observado que la sociabilización en las aulas escolares depende principalmente del grupo del mismo sexo y edad. Cuando ésta ocurre en presencia del grupo del ‘otro sexo’, se potencia el sentido de pertenencia al grupo de chicos o de chicas y se corre el riesgo de reforzar conductas sexistas.

 

“El alumno en un entorno mixto se ve más condicionado puesto que la presencia del otro sexo aumenta las expectativas de su entorno respecto a lo que debe ser un chico y una chica. Esto nos plantea las ventajas de la separación para conseguir que los alumnos se desarrollen con más independencia de las presiones sociales de género. Como afirma Vidal[6], en una escuela de chicos, si está bien gestionada, se normalizan, se permiten muchas más maneras de ser chico. Y en una escuela de chicas, una chica puede realizar su feminidad de una manera mucho más amplia y desacomplejada. La masculinidad y la feminidad de la escuela diferenciada son más amplias, acogen muchos más matices, son una masculinidad y una feminidad mucho más ricas”[7].

 

5.Educación y escuela diferenciada – sociabilidad

En los últimos años se ha puesto el acento en los beneficios académicos de las escuelas diferenciadas por sexo. Sin embargo, la escuela diferenciada, en su proyecto educativo, estaría incompleta sin este gran grupo de beneficios, que muchos investigadores reúnen bajo el nombre de beneficios socio – afectivos o pro convivenciales[8].

Valorar los beneficios socio – afectivos de este sistema de organización escolar, es igualmente necesario e importante para el desenvolvimiento posterior en la vida, para el aprendizaje de pautas y conductas culturales,  para  la relación con los demás en general y con el otro sexo, en particular. Ambos fines van de la mano. Académicos y socio afectivos.

Recordemos también que, la educación diferenciada, parte de la alteridad sexual como un elemento esencial de la naturaleza humana que hace a los hombres y a las mujeres diferentes, pero al mismo tiempo complementarios. En consecuencia, el derecho al pleno desarrollo de la personalidad, implicará el derecho al pleno desarrollo de la esencia femenina y masculina que constituye a cada ser humano, mujer y varón.
También tiene en cuenta la complementariedad de los sexos y reconoce que, para una colaboración, entendimiento, respeto y convivencia entre hombre y mujer, es imprescindible el reconocimiento de su propia diferencia. De esta manera, habrá formas concretas de vivir las virtudes, diferentes en chicos y chicas, y los docentes debemos estar atentos a ello.

Una reflexión sobre la escuela. En el imaginario colectivo existe la idea de que se enseña a sociabilizar con el otro sexo en la escuela mixta y es utópico e inverosímil enseñar a sociabilizar con el otro sexo en la escuela diferenciada. Esto no es así. ¿Por qué? ¿Todo tiene que ser tan real en la escuela que, si no sucede en tiempo y forma, es imposible de educar? Está claro que el hombre es un ser social, por lo tanto, la escuela no puede eludir esta dimensión del hombre. Pero insisto, ¿es necesaria la presencia de los dos sexos para desarrollar la sociabilidad? Claramente no, como hemos visto: con un proyecto educativo personalizado, que incluya oportunidades para ejercitar “virtudes sociales” entre los propios pares, es altamente satisfactorio.

“La escuela diferenciada crea una estructura particular, ciertamente alejada de la natural convivencia de hombres y mujeres en la calle, pero que provee de una facilidad para la creación de una cultura escolar proacadémica y proconvivencial que (…) no está presente en la calle. No cabe duda de que la educación influye en la desaparición de las diferencias y de las actitudes sexistas; pero quizás se ha llamado la atención reiterativamente en la acción del profesor, olvidando las dinámicas de grupo que se establecen entre niñas y niños, y que implican rivalidades, comparaciones y polarización de las actitudes. Quizá se ha subestimado la influencia de los pares (peer pressure) en la adopción de unos estilos de conducta determinados y necesarios para mantener la pertenencia a un grupo o mejorar el estatus en él; esos grupos, como se ha dicho, desde temprana edad tienen un marcado carácter single-sex que aumenta con el paso de los cursos”[9]. Esto le hemos visto en los ejemplos anteriormente citados.

Es importante aclarar que también los padres hacen educación diferenciada en su hogar cuando tienen en cuenta la relevancia del sexo de sus hijos como elemento constitutivo de la persona humana y atienden a su forma natural de relacionarse.

 

6.Propuesta de acción

Les propongo revisar el Proyecto Educativo. Estar seguros de que abarque, además de los objetivos académicos, las habilidades socio afectivas.

El proyecto educativo que asume la formación de la persona de los alumnos integralmente, teniendo en cuenta esta realidad biológica (tener alumnos y/o alumnas), su despliegue cultural (educar en lo femenino y lo masculino, sin estereotipar) y la relación entre ambos, es una escuela que responde a una necesidad concreta de la sociedad del siglo XXI. Será una excelente escuela que aplica la educación diferenciada en sus vertientes académica y socio afectiva o pro convivencial.

Entonces, como líneas de acción a futuro, sugiero:

  • Explicitar en el Proyecto Educativo Institucional (PEI), la educación en virtudes sociales. Aclararlas en el Ideario y en la Misión de la escuela.
  • Expresar en el Proyecto Curricular del Centro cuáles serán esas virtudes en las distintas etapas evolutivas y las maneras de ejercitarlas que se ofrecerá a los alumnos/as.
  • Detectar especiales momentos y lugares de la vida escolar como por ejemplo: las áreas curriculares y las extracurriculares, los recreos, los momentos en el comedor, los actos escolares y salidas didácticas. Las tutorías con alumnos o con padres. Las actividades con exalumnos y viajes de estudio. Son oportunidades especiales para desarrollar las “virtudes sociales”.
  • Formar a los docentes en estas virtudes y en las características de niños y niñas para generar oportunidades de aplicación en el aula.

Por todo lo dicho, los padres no deben tener temor a la sociabilización de sus hijos en la escuela diferenciada. Como se explicó, es una alternativa que ha pasado exitosamente los filtros más rigurosos de la investigación que se conocen hasta el momento, y arroja excelentes resultados, tanto académicos, como socio afectivos. Y en ellos, y en las décadas de experiencia exitosa, debemos confiar.

 

[1] José M. Quintana Cabanas, Sociología de la educación, Dykinson, Madrid, p. 93

[2] Simon Baron Cohen, La gran diferencia, Amat, Barcelona.

[3] Fred Mael y otros, Single-Sex Versus Coeducational Schooling: A Systematic Review, Policy and Program Studies Service, U.S. Department of Education, Office of Planning, Evaluation and Policy Development, Washington y Eleanor E. Maccoby, The Two Sexes. Growing up Apart, Coming Together. Harvard University Press, USA.

[4] Camps, Jaume. Conferencia en el II Congreso Latinoamericano de Educación Diferenciada (ALCED Argentina), Buenos Aires, 2009, p. 59

[5] Patricia A. Adler, Steven J. Kless, Peter Adler Source Socialization to Gender Roles: Popularity among Elementary School Boys and Girls, Sociology of Education, American Sociological Association, USA, Vol. 65, No. 3, pp. 169-187

[6] Conferencia (no publicada) en el I Congreso Internacional de Educación Diferenciada, EASSE Barcelona, 2007.

[7] Jaume Camps, Conferencia en el II Congreso Latinoamericano de Educación Diferenciada, ALCED Argentina, Buenos Aires, 2009, p. 59

[8] Jaume Camps i Bansell, La socializació de genere a l´escola, UIC, Barcelona, p. 103

[9] Camps, Jaume. Conferencia en el II Congreso Latinoamericano de Educación Diferenciada (ALCED Argentina), Buenos Aires, 2009, p. 63

Proyectos relacionados